El Circulo Nacionalista de Santiago del Estero tuvo el honor de organizar el pasado viernes 9 de diciembre la presentación del libro "Jordan Bruno Genta y la gesta de Malvinas", del camarada licenciado Sebastian Miranda. La misma se realizó en el salón de la biblioteca Agustin Alvarez, y a pesar de que la lluvia torrencial de ese dia conspiró contra la asistencia del publico, una muy interesada concurrencia disfrutó de la conferencia brindada por el autor.
Amar la patria / es el amor primero / y es el postrer amor / después de Dios, / y si es crucificado/ y verdadero / ya son un solo amor, /ya no son dos. Leonardo Castellani
lunes, 19 de diciembre de 2016
jueves, 1 de diciembre de 2016
ARGENTINA, SU DERRUMBE: de “Colonia prospera” a “Factoría decadente”
Por: Walter Beveraggi Allende
Podemos dividir la
historia argentina en tres grandes
periodos:
1) La lucha por la independencia
(1810-1852)
2) La dominación británica-liberal
(1852-1946)
3) El yugo sionista (1946…)
La lucha por la Independencia: 1810 - 1852
Nosotros, los
argentinos comenzamos nuestra lucha contra los británicos antes de haber
alcanzado la categoría formal de Nación independiente.
En 1806 y 1807, el
gobierno británico llevó a cabo dos invasiones sucesivas de nuestro territorio,
cuando éramos aun una dependencia de la Corona española, y Buenos Aires la
cabeza del Virreinato del Rio de la Plata.
Podemos afirmar que el
pueblo criollo de Buenos Aires y sus zonas aledañas, al margen de la actitud
del propio Virrey y de las tropas coloniales españolas, adoptó una actitud de
orgullo nacional, frente a los invasores británicos. Además, los británicos, no
obstante haber traído un elevado número de tropas altamente seleccionadas,
fueron plenamente derrotados por el recién organizado ejército criollo, que se
apoderó de las banderas y estandartes de los británicos, y las conserva hasta
hoy como un trofeo nacional.
Llama la atención que
un soldado profesional francés, Santiago de Liniers, se convirtiera en el
organizador y cabeza del ejército nativo.
Pensamos que en la
lucha contra los invasores británicos, estaba en juego algo más, que el mero
rechazo de un agresor extranjero.
Los argentinos, como
casi todos los hispano-americanos, recibimos de la colonización española lo
esencial de nuestra personalidad e inspiración; particularmente la Fe Católica
y una ardiente devoción por la grandeza moral y espiritual. Sumado a ello, el
régimen colonial español no fue uno de desaforada opresión y despojo.
Por el contrario, la
tradición británica, desde el surgimiento del Protestantismo y particularmente
el crecimiento de la masonería, durante el siglo XVIII, se había convertido en
una fuente de subversión liberal, anti-religiosa, y especialmente anti-católica.
Esta posición liberal, materialista, había fructificado ya en la Revolución
francesa de 1789 y había influenciado a la monarquía española, desde fines de
la misma centuria.
Como consecuencia de
ello, desde el comienzo del movimiento independentista en Buenos Aires, antes
de la Revolución de mayo de 1810, cuando se estableció un gobierno nacional,
dos fracciones estaban irreconciliablemente enfrentadas: 1) los tradicionalistas, grupo católico
vigorosamente antimasónico, que favorecía una política de proteccionismo a favor de la industria y de las artesanías locales;
y que también apoyaba un sistema político de “federación de los estados
provinciales”, antes que un gobierno centralizado (de ahí que se llamara a sus
miembros “federales”). 2) los liberales,
un grupo pro-masón y pro-británico, que favorecía el “libre-comercio, y todo
aquello que pudiera facilitar la infiltración y la “protección” inglesa de las
nacientes naciones hispanoamericana; y que estaban también a favor de un
gobierno centralizado, llamados por eso “unitarios”.
Los británicos,
enteramente derrotados –según dijéramos antes- en sus intentos de invasión,
procedieron entonces a infiltrar los sectores cultos de las clases alta y
media, asociando astutamente el espíritu de independencia nacional con
propuestas liberal-masónicas, acompañadas de la promoción del “libre comercio”,
que favorecía sus planes comerciales en el “Nuevo Mundo”, y que atraía también
a muchos comerciantes que vivían en Buenos Aires, el puerto principal de Sud América.
El soborno, la
ideología liberal, la masonería y la intriga al por mayor, fueron así las
herramientas principales mediante las cuales los británicos contribuyeron a
desmembrar el antiguo Imperio Español, y a ganar a través de títeres nativos el
control de las logias y de los partidos políticos. Cuando todo ello no era
suficiente para alcanzar sus objetivos, la intervención armada directa se
dispensaba sin demora, en favor de sus aliados nativos, alguna vez en
coincidencia y colaboración con intereses imperiales franceses, tal como
ocurriera en más de una oportunidad en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay,
durante el siglo XIX.
La Colonia prospera: 1852 – 1946
Hacia 1852, el gran
caudillo federal, don Juan Manuel de Rosas, quien había gobernado durante casi
veinte tormentosos años como un verdadero nacionalista, fue derrotado por una
alianza integrada por un buen número de argentinos unitarios, por tropas
brasileñas, financiadas por los británicos, y hasta por un aventurero italiano
y mercenario liberal, Giusepe Garibaldi, actuando las logias masónicas como
“lazo de unión” entre todos estos heterogéneos socios.
De esta manera, a
partir de 1852, se concretó la “Organización” institucional de la República
Argentina, bajo la promoción y tutela de un grupo considerable y poderoso de
masones liberales que operaban bajo la dirección de la Gran Logia británica.
Corresponde aclarar a
esta altura que, si hacemos una referencia más bien extensa a la influencia británica
en el desenvolvimiento histórico de Argentina, ello se debe a que –Gran Bretaña
ha desempeñado desde el siglo XVIII un rol prominente como “punta de lanza” del
movimiento sionista mundial, y esta organización ha asumido una influencia
decisiva en los asuntos argentinos, en las últimas décadas, tal como lo veremos
más adelante.
Estrictamente dentro
del molde del “interés británico”, la economía argentina se desarrolló a un
ritmo considerable. Se considera que, entre 1875 y el comienzo de la Segunda
Guerra Mundial; Japón y Argentina fueron los dos países que alcanzaron una más
alta tasa de crecimiento (en el caso de Argentina, algo así como el 5%,
acumulativo por año).
Es interesante hacer
notar que las dos guerras mundiales tuvieron el efecto de un estímulo
imprevisto para la industrialización nacional. Dado que las importaciones eran
difíciles o aún imposible de obtener con motivo de la guerra, hubo que
desarrollar rápidamente alguna suerte de industria local, a fin de proveerse de
aquello que resultaba prácticamente imposible de obtener en el exterior. Y la
ingeniosidad de la gente, unida a la perspectiva de buenas ganancias, hicieron
el milagro de impulsar una industria nacional que se gestó al margen de la
voluntad y preocupación de todos los gobiernos argentinos, desde 1852.
Para corroborar este
criterio bastará decir que, después de la considerable diversificación
económica y desarrollo industrial alcanzado durante la primera guerra mundial,
el gobierno nacional no hizo nada para preservar el progreso logrado y aun
trató de desandar en esa materia todo lo que le fue posible.
De cualquier manera, la
economía argentina evidenció un firme y destacable crecimiento, desde 1852
hasta fines de la segunda guerra mundial. La cría de ganado y la producción
agrícola aumentaron hasta el punto de que Argentina pasó a ser conocida como el
“granero del mundo”. Las reservas monetarias eran elevadas, la moneda
circulante fue por largos periodos convertible a oro a una tasa fija (patrón
oro incluido) y la estabilidad de los precios era tan notable que el
comportamiento del correspondiente “numero índice” resulta favorecido aun en
comparación con el de las naciones más industrializadas del mundo.
Aunque Argentina era,
económicamente hablando, un “país periférico” –ello es, una especie de satélite
de las naciones más desarrolladas- había alcanzado un alto grado de bienestar,
con un ingreso “per cápita” muy por encima del nivel medio mundial, y un grado
muy ponderable de progreso cultural y social.
Todo este cuadro al que
me estoy refiriendo es el que me permite calificar a aquella Argentina como una
“colonia prospera”. Hasta entonces, sin embargo, no se habían planteado serias
interferencias contra la nación, fuera de aquellas encaminadas a mantener el estado
colonial. Y este había sido establecido con la cooperación de una clase
dirigente compuesta por liberales, masones, y una oligarquía terrateniente
opulenta, que no se preocupaba por el progreso de las masas populares.
En lo que se refiere a
los logros económicos alcanzados, no fue difícil ni meritorio llegar a ellos.
La riqueza natural del país, unida a una población bien dotada e industriosa,
hicieron el progreso relativamente fácil. Por añadidura, una política de
crédito abundante y barato, destinada a incrementar la producción, fue el
complemento necesario.
El derrumbe de la prosperidad argentina
En líneas generales,
Argentina era una nación prospera hacia fines de la segunda guerra mundial,
llena de posibilidades de convertirse en unos pocos años en un verdadero “poder
mundial”, tal como una brillante personalidad norteamericana –el Sr Archibald
Mac Leish- me lo dijo hace unos 30 años atrás.
Argentina había logrado
un progreso sustancial en materia de industrialización durante la guerra, como
único medio de proveer la demanda interna, en momentos en que la importación de
bienes se había tornado prácticamente imposible, y había acumulado también
grandes créditos contra países extranjeros, especialmente contra Gran Bretaña,
por la provisión de alimentos durante la guerra.
Sin embargo, el curso
que argentina siguió, de 1946 en adelante, fue completamente distinto.
En 1946, un demagogo
inescrupuloso –el general Juan Perón- fue democráticamente elegido para regir
los destinos de la Republica, y esta sórdida personalidad, que se auto-promovió
como un temperamento independiente, nacionalista,
que había de prestar especial consideración
a las necesidades de los trabajadores y de los necesitados, pronto se convirtió
en un dictador ineficiente, que rápidamente introdujo cambios en materia de política monetaria, los cuales pusieron
en marcha el acentuado desastre
económico que Argentina ha venido sufriendo estos últimos años.
La reforma principal
introducida por Perón, poco después de asumir el cargo como Presidente
constitucional, fue la de implantar la restricción
crediticia para fines productivos y la de elevar substancialmente las tasas de interés bancario.
Esta política, dicho
sea de paso, coincidía plenamente con las recomendaciones que poco después el
profesor Milton Friedman, un economista sionista de la Universidad de Chicago y
ganador del premio Nobel, puso en marcha como la mejor receta “monetarista”
para combatir la inflación en cualquier país del mundo.
Pero esa no fue la
única coincidencia entre Perón y los sionistas y masones, durante sus diez años
de gobierno, entre 1946 y 1955. El –por ejemplo- designó al asumir la presidencia,
como Ministro del Interior (el más alto cargo político de su gabinete) al
judío-sionista Angel Borlenghi, un dirigente obrero de segunda o tercera
categoría que no había tenido significación alguna en el ascenso de Perón al
poder; sin embargo, ese personaje fue mantenido en tan importante cargo
prácticamente hasta que manifestado como un sostenedor de la educación moral, católica,
en las escuelas lentamente se apartó de esa posición después de algunos años, y
se convirtió en gran responsable de la persecución y encarcelamiento de muchos
sacerdotes católicos en todo el país, así como de la quema de varias de las más
importantes iglesias y reductos históricos del catolicismo en Buenos Aires, en
junio de 1955.
Abrumadora influencia sionista en Argentina, en las últimas
cuatro décadas.
El derrocamiento de Perón,
en septiembre de 1955, de ningún modo significó que la influencia sionista
dejara de jugar un rol predominante en los gobiernos que lo sucedieron.
Por el contrario,
podemos afirmar que esa influencia no solo continuó, sino que se acrecentó
considerablemente. Y aun sostener que este es el común denominador de los
gobiernos que ha tenido la Argentina en las últimas décadas: sean ellos
militares o civiles, peronistas o antiperonistas (radicales, por ejemplo, como
los que gobiernan hoy, encabezados por el presidente Alfonsín).
Como consecuencia de
ello y en relación con la política económica, ningún gobierno ha cambiado,
desde 1955 hasta el presente, la funesta estrategia de mantener “drásticas
restricciones crediticias y altas o muy altas tasas de interés bancario”, sin
importarles los efectos catastróficos de esta política en la producción
nacional.
A comienzos de este
año, 1987, escribí un artículo para el Boletín
de Educación Económica, publicado trimestralmente por el Instituto Norteamericano de Investigaciones
Económicas, con sede en Barrington, Massachusetts.
El artículo tiende a
ilustrar, sobre la base de la experiencia argentina, acerca de la “conspiración económica” encaminada a
obtener el control mundial global, que los banqueros internacionales están
llevando adelante, bajo el liderazgo de David Rockefeller y su “COMISION
TRILATERAL”. He aquí algunos párrafos del referido artículo:
“Tal como explico en mi
libro, Teoría Cualitativa de la Moneda, ed. Fuerza Nueva, Madrid, 1982,
Argentina se desempeñó muy bien –en cuanto a crecimiento económico- a lo largo
de más de un siglo (1830- 1945), a pesar de su definida condición de “país
agrícola” (productor de granos y carnes), prácticamente desprovisto, hasta la
Gran Crisis Mundial, de ninguna industria significativa.
No cabe la menor duda
de que la razón esencial de ese excelente y duradero desempeño económico (firme
crecimiento del producto nacional real y notable estabilidad de precios) fue la
abundancia del crédito, otorgado por el sistema bancario, a muy bajas tasas de
interés (muy rara vez por encima del 4 % anual, pero frecuentemente por debajo
de ese límite).
Durante ese prolongado
periodo, hubo abundantes “desarreglos fiscales”, ello es, déficits
presupuestarios del gobierno y emisiones de papel moneda destinados a
cubrirlos. Ello no obstante, el crecimiento productivo y la estabilidad de
precios siguieron su curso sostenido.
Hacia 1946,
coincidiendo con el acceso de Perón al gobierno constitucional, se dispuso un
drástico giro en la política monetaria:
a partir de entonces, la restricción
crediticia y el aumento de las tasas
de interés fueron implantados sistemáticamente, basados en la causal de que
el año anterior (1945), por primera vez en más de un siglo, había ocurrido un
incremento del “índice de precios” próximo al 20 %, pero que no llegaba a ese
límite.
Después de 1946, la tasa de inflación mantuvo su nivel o creció
más aún. No obstante el hecho de que la política de dinero (crédito) escaso y
caro no trasuntaba resultados favorables, la actitud de las autoridades
económicas fue la de permanecer en el mismo rumbo: cada día dinero o crédito más
escaso y más caro, supuestamente para curar la inflación y la desocupación, aun
cuando –como decimos en castellano- el remedio fuera peor que la enfermedad.
Después del
derrocamiento de Perón en 1955, cuando la Argentina se asocia al Fondo
Monetario Internacional (1957), esta institución presionó para endurecer esta
desastrosa política. La restricción crediticia –a través del sistema bancario- fue
reforzada en todo el país y las tasas de interés que aplicaban los prestamistas no bancarios (las
compañías financieras habían aparecido por doquier, luego de la restricción
crediticia bancaria iniciada en 1946) alcanzaban normalmente al 1 o 1,5 diario.
A pesar de todas las restricciones
crediticias y monetarias aplicadas hasta entonces, hacia el comienzo de la
década del 70 la situación se tornaba cada vez peor: la tasa de inflación promedio, por ejemplo, 1973/1975 sobrepasó del
400 al 500 % por año. La quiebra de
empresas aumentaba sin cesar, las tasas de desocupación eran extremadamente
elevadas, a pesar del hecho de que, entre 1950 y 1970, de 2 a 3 millones de
personas habían abandonado la Argentina, en busca de trabajo y/o un nivel de
vida soportable en el extranjero.
Hacia 1976, aun se
avecinaba lo peor. Ese año una Junta
Militar tomó el poder y designó a José Martínez de Hoz como Ministro de Economía.
Este individuo, profesor de la Facultad de Derecho y proveniente de una familia
adinerada, resultó un representante sin disimulo de David Rockefeller y su
conclave de banqueros internacionales.
El amplio apoyo
brindado a Martínez de Hoz por la camarilla militar que estaba en el poder, le permitió
llevar la política de “dinero escaso y caro” hasta sus peores extremos. De 1976
a 1981, mientras él condujo la economía de la Nación, las tasas de interés
bancario superaron con frecuencia el 400 y el 500 % anual. El capital
especulativo extranjero acudió a raudales a la Argentina y algunos miles de
millones de dólares provinieron de la bolsa de David Rockefeller. Mientras
tanto, exclusivamente para operaciones cambiarias, se mantuvo la moneda
nacional fuertemente sobrevaluada, lo cual dificultó gravemente las
exportaciones argentinas y facilitó al extremo las importaciones. Para poder
mantener ese esquema en funcionamiento, Martínez de Hoz contrató préstamos a
sus amigos, los banqueros internacionales, por 30.000 millones de dólares. Y
ese es, dicho sea de paso, el origen de la “deuda externa” argentina.
Hiperinflación,
descalabro productivo, desocupación y fuerte endeudamiento externo, fueron los
resultados de esa vergonzosa maquinaria de subordinación a los dictados de los
banqueros internacionales y del socio de estos, el Fondo Monetario
Internacional.
Hacia fines de 1983,
los militares transfirieron las riendas del poder a un gobierno
democráticamente elegido. Pero las características principales de la política monetaria permanecieron
intactas, hasta el día de hoy.
Los sobornos y las
presiones, administrados por los financistas internacionales, parecen ser un
factor tan penetrante con los dictadores militares corruptos como con los
gobernantes democráticos corruptos. Este es un hecho que cada día se torna más
evidente en nuestro Mundo Occidental. Y tal vez sea la razón por la cual hemos
venido sufriendo –durante más de cuatro décadas- esta política suicida, que es
buena para los banqueros internacionales y mortal para el pueblo argentino.
Ahora bien, uno puede
preguntarse si esta terrible decadencia, desde 1946, puede deberse con exclusividad
a la actitud débil y/o a la pura estupidez de los argentinos. Aunque yo
lamentablemente debo reconocer que ha existido una dosis de ambas cosas
–debilidad y estupidez- de parte de muchos de mis compatriotas, también debo
manifestar que el sionismo ha usado
eficientes armas complementarias, a fin de obtener los dividendos económicos y
financieros, así como el control aludido anteriormente. A estas armas nos
referiremos a continuación.
Democracia, dictadura, medios masivos de comunicación y terrorismo,
como herramientas complementarias de la estrategia económica y financiera
sionista.
En mi opinión, la
dirigencia sionista no tiene escrúpulos en cuanto al uso de cualquier
instrumento político –no interesa cuan horrible pueda ser- a fin de alcanzar
sus metas económicas y financieras.
Sobornar a un dictador
y a sus colaboradores inmediatos puede parecer más fácil que sobornar y
controlar la cúpula de los partidos políticos, bajo una democracia liberal. Sin
embargo, la realidad ha demostrado que la democracia liberal puede ser más
conveniente, a través de la financiación y el soborno de la dirigencia de todos
los partidos, puesto que un dictador o una camarilla dictatorial, puede no ser
enteramente confiable, en especial si el dictador pretendiera, eventualmente,
prestar alguna atención a las masas y algún “apoyo popular”.
En mi más reciente
libro, “Jesucristo nazi-fascista”, explico con algún detalle cómo y por qué la
democracia liberal se adapta mejor a la estrategia sionista, aunque en
Argentina ambas, dictaduras y democracia liberal, hasta ahora, han servido por
igual a los propósitos del sionismo.
En líneas generales, el
más poderoso instrumento complementario del control económico y financiero que
el sionismo está logrando rápidamente sobre el mundo entero, es su virtual
monopolio, tanto nacional como internacional, de los “medios masivos de
comunicación”.
La Argentina muestra en
la actualidad el grado de perfección alcanzado por el sionismo en su casi
completo control de los medios nacionales de comunicación. En este país, que es
el mío, hay un gran número de estaciones de radio y canales de televisión que
son públicos, vale decir, de propiedad del gobierno. Esto, en gran medida,
facilita la tarea de dominación sionista, porque el sionismo controla al
gobierno y, por ende, controla todos los medios de que el gobierno es
propietario.
En lo referente a los
“medios” de propiedad privada, el problema también resulta relativamente fácil,
puesto que la mayoría de los gastos en propaganda son efectuados actualmente
por grandes empresas multinacionales y por bancos y compañías financieras,
prácticamente todos ellos controlados por los sionistas; por consiguiente,
tales entidades pueden interrumpir el otorgamiento de propaganda pagada a
cualquier medio de comunicación que no preste atención a sus “sugerencias”.
En la Argentina, por
ejemplo, desde 1946, nadie que estuviera privado de la aprobación de la
camarilla sionista dominante ha tenido la menor posibilidad de ser incluido en
un diario de mucha circulación, menos aun si el candidato era conocido por sus
opiniones críticas respecto de las felonías sionistas.
Pero el sionismo puede
ir aún mucho más lejos. Su dirigencia puede desacreditar o calumniar personas,
cualquiera sea su respetabilidad, con la seguridad de que ellos no serán
enjuiciados o penados por ese motivo.
He aquí una prueba
práctica: en mayo de 1985, “Clarín”, el diario de Buenos Aires con mayor
circulación, se despachó acusando al Dr.
Beveraggi Allende, ello es, al que habla, de “echar a estudiantes judíos
del aula en que dictaba clases, en la Universidad de Buenos Aires”. Esta
acusación, absolutamente falsa, fue difundida a través de todos los medios
masivos de comunicación, incluyendo diario y televisión, por todo el territorio
nacional. Yo ni siquiera intenté demandar a los responsables ante los
tribunales, porque descontaba que no obtendría ninguna satisfacción o
reparación en respuesta a una agresión tan injusta.
A través de lo
explicado hasta este punto, el poder de control alcanzado por el sionismo en
Argentina resulta verdaderamente dramático: 1) por una parte, el predominio
económico-financiero logrado por medio del soborno a dictadores y políticos por
igual, en colaboración con la poderosa y bien publicitada red de banqueros
internacionales y agencias mundiales asociadas a ellos; 2) el casi completo
monopolio de los medios masivos de comunicación, lo que les permite imponer los
criterios supuestamente científicos del sionista Milton Friedman y su
“monetarismo”, como una receta “curalotodo” contra la inflación y la
desocupación, aun cuando esta propuesta mágica sea la mejor sugerencia para
hundir a tales países en una espiral infernal de pago de intereses y
endeudamiento externo.
Y permítanme
recordarles, Señores, que no me estoy refiriendo a una hipótesis abstracta, si
no a la triste y concreta experiencia de mi propio país, una nación prospera y
progresista hasta hace 40 años, que ha sido reducida en ese lapso a la
miserable condición de país deudor y subdesarrollado.
Y puedo añadir que el
sionismo ha probado disponer de muchas herramientas complementarias, en apoyo
de sus planes opresivos y destructivos. De estas, mencionaré solamente una,
extremadamente perversa pero también extremadamente eficiente. Y me estoy
refiriendo al terrorismo; al
terrorismo en gran escala y altamente organizado, como aquel en el cual los
israelíes han probado al resto del mundo ser verdaderos maestros. Y el
terrorismo de esta naturaleza puede servir a diversos propósitos estratégicos y
tácticos, como se ha puesto en evidencia en la Argentina, donde dirigentes
intelectuales y prácticos del terrorismo subversivo incluyen nombres de fama
mundial, como los del periodista Jacobo Timerman, y del banquero David Graiver.
El terrorismo manejado por el sionismo fue utilizado en la Argentina
para “desestabilizar” gobiernos, tanto militares como
democráticos-constitucionales, en las décadas de los años 60 y 70; y también
para promover la ideología marxista, pero así mismo para impulsar una “guerra
psicológica” de vastos alcances, dentro y fuera del país, destinada –por
ejemplo- a culpar a los militares de una total insensibilidad por los “derechos
humanos”.
Y la dirigencia
sionista que respaldó a Martínez de Hoz como “capitoste” discrecional de la
economía argentina entre 1976 y 1981, a través del mismo Martínez de Hoz
recomendó a la Junta Militar que gobernaba el país en ese momento que no
aplicara el procedimiento legal en
la lucha contra los terrorista, sino –en su remplazo- la metodología de la
llamada “guerra sucia”.
Pero unos años después,
los sionistas -en una campaña de alcance mundial- condenaban a las Fuerzas
Armadas en su conjunto, por la aplicación de esa técnica que ellos mismos le
habían recomendado a la cúpula militar.
En pocas palabras, el
terrorismo científico aplicado, asociado o no con la droga (una materia en la cual el sionismo tiene el liderazgo, tal
como en Estados Unidos lo ha probado el Executive
Intelligence Review, mediante su libro “Narcotráfico Sociedad Anónima”)
puede ser usado eficientemente, tanto para eliminar un adversario molesto como
para desorientar completamente al pueblo, desviando su atención de cualquier
asunto grave por razones tácticas.
Yo he llamado por años
la atención de mis compatriotas, señalando que “el destrozo y vaciamiento
económico” de la Argentina, por parte de los sionistas, fue siempre acompañado
por una intensa actividad terrorista, promovida también por ellos.
N. de la R.: Conferencia leída en el Instituto de Revisionismo Histórico,
de los Estados Unidos, los Ángeles, California, el 9 de octubre de 1987.
Publicada en Patria Argentina N° 12, octubre de 1987.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Celebracion del Dia de la Soberanía Nacional
El pasado domingo 20 de noviembre, el Circulo Nacionalistas de Santiago del Estero, cumplió -como lo hace desde su fundación- con el deber de celebrar el Día de la Soberanía Nacional. El acto consistió en una sencilla pero emotiva ceremonia en la que se rindió homenaje a los héroes de la gesta de Obligado y se depositó una ofrenda floral. Hicieron uso de la palabra los camaradas Enrique Marañon y Pablo Hatun.
sábado, 19 de noviembre de 2016
Pensando en voz alta, ante un nuevo aniversario de Vuelta de Obligado
Pienso en todo lo que nos está pasando a los argentinos.
Pienso en voz alta como queriendo encontrar una respuesta acorde a mis
inquietudes patrióticas y cristianas. Pienso en lo que está pasando en el país justo
a unos pocos días de celebrar una fecha tan importante como lo es el día de la
Soberanía Nacional; y me pregunto ¿Qué es lo que festejamos?
Para los nacionalistas está claro, festejamos el triunfo de
la voluntad inquebrantable del patriotismo argentino contra el patoterismo
imperial. Sin embargo no faltan quienes solo ven en el combate de Vuelta de
Obligado una derrota inútil.
Muchos se olvidan lo que representó el sacrificio de hombres
y recursos para detener al invasor, quizás pensando de antemano que la batalla
ya estaba perdida antes del primer cañonazo.
Pienso en las consecuencias que nos trajo ese aire derrotista
que los liberales anti-rosistas, impregnaron en las páginas de nuestra historia
oficial; y como hoy ciertos intelectuales y personajes mediáticos -que los hay de sobra- buscan
desacreditar la gloria y el honor de la lucha por la soberanía.
Lamentablemente parece que los argentinos han optado por
olvidar las gestas heroicas, y reemplazarla por las gestas futboleras y los espectáculos televisivos.
Me pregunto ¿Que hará Macri para el 20 de Noviembre? ¿Reivindicará
a Rosas y a los héroes de Vuelta de Obligado? o apostará al conocido discurso
de que con la democracia liberal (ahora sin los Kirchneristas) ya hemos
recuperado la Soberanía y la dignidad que como Nacion nos merecemos.
No sé pero pienso que nos falta mucho para hablar de Soberanía.
Que la Soberanía la hemos perdido hace mucho, en 1852 cuando la anti-patria venció
en Caseros a don Juan Manuel de Rosas; y que aunque si bien es cierto la
recuperamos por 45 días en 1982 aún estamos muy lejos de ser una Nación
Soberana.
Dios nos de la gracia para ser merecedores de ella, porque si
no hemos despilfarrado la sangre de muchos que murieron por ella.
C.P,N. Enrique Marañon (h)
jueves, 10 de noviembre de 2016
Una Constitución tabú
Hasta el año
1951, la actual provincia del Chaco, debido a su escasa población, no revestía
el status jurídico de provincia si no el de “Territorio Nacional”. Recién en
dicho año esa porcion de suelo argentino se incorporó a la vida institucional de la Republica con el
carácter de provincia.
Apenas
concretada la provincialización de aquel territorio, el Poder Ejecutivo
nacional llamó a comicios generales para elegir representantes a una Asamblea
constituyente encargada de elaborar la Constitución que regiría los destinos de la nueva
provincia.
En esas
elecciones resultó triunfador el partido Justicialista, y por ende la mayoría
de los convencionales electos fueron hombres provenientes del movimiento obrero
peronista. Su presidente fue el Dr Julio De Nicola, y el vice, el dirigente
obrero Jose Demetrio Sepúlveda.
El primer acto
de dicha Convención Constituyente fue denominar a la nueva provincia “Presidente
Peron”. Mas allá de esta polémica decisión, la Convención dictó una
Constitución Provincial en muchos aspectos modélica, que no solo se inspiró en
los sabios principios consagrados en la Constitución
Nacional de 1949, en cuanto a los aspectos sociales y económicos;
si no que además avanzó hacia una reforma del sistema representativo, con miras
a terminar con el monopolio de la representatividad ejercido por la
partidocracia.
En efecto, esta
Constitución provincial, sancionada el 22 de diciembre de 1951, en su art. 33,
referido a la composición del Poder Legislativo estableció que el mismo estaría
conformado por miembros que en su mitad serian representantes elegidos por los
ciudadanos a través de los partidos políticos; mientras que la otra mitad de
los miembros de dicho Poder serian elegidos por aquellas personas que formen
parte de los cuerpos intermedios de la sociedad reconocidos legalmente.
El articulo mencionado
dice textualmente lo siguiente: “El Poder
Legislativo se ejercerá por una Cámara de Representantes cuyo número será de
uno por cada catorce mil quinientos habitantes o fracción que no baje de siete
mil quinientas. Después de la realización de cada censo general, la Legislatura fijará la
representación con arreglo a aquél, pudiendo aumentar, pero no disminuir el
número de legisladores.
La
mitad de la representación será elegida por el pueblo de la provincia, dividida ésta en tantas circunscripciones
como número de legisladores componga esa mitad.
La
otra mitad de los representantes será elegida por los ciudadanos que
pertenezcan a las entidades profesionales que se rigen por la ley nacional de
asociaciones profesionales, debiendo estar integrada la lista de candidatos con
miembros de dichas entidades,
dividida igualmente la provincia en tantas circunscripciones como número de
legisladores compongan esa mitad.”
Como
se ve, con esta disposición de clara tendencia corporativista –aunque
imperfecta aun- el sistema representativo demoliberal quedó fuertemente acotado
y mitigado, abriéndose así la puerta a un sistema representativo verdaderamente
legitimo, de carácter natural y orgánico.
Si bien en la práctica
lo dispuesto por los convencionales chaqueños no se llegó a aplicar, lo
legislado quedó como un peligroso y molesto antecedente para el Régimen o
Sistema de Dominación. No ha de extrañar entonces que esta interesante y revolucionaria
Constitución provincial haya pasado a ser un texto tabú y literalmente
“desaparecido” en nuestra legislación constitucional.
Ante la patética
crisis política en la que vivimos sumergidos los argentinos, con dirigentes
políticos que no son mas que una banda de delincuentes vendepatrias, y ante la gravísima
crisis terminal que avizoramos, no esta de mas que los nacionalistas traigamos
a colación este texto legal pleno de virtualidades positivas.
Dr. Edgardo A. Moreno
martes, 1 de noviembre de 2016
1° CONGRESO DE ACTUALIZACIÓN POLÍTICA DEL NACIONALISMO
8 y 9 de octubre de
2016
Ciudad de Santa Fe
Documento Final
Largos años de sometimiento político
y degradación cultural han dejado a la Argentina sumida en una profunda
decadencia. Nuestro pueblo ha sido guiado sistemáticamente a un suicidio
espiritual promovido por los servidores de la globalización política y económica
y el multiculturalismo. Por ello, el Nacionalismo Argentino se ve en la
imperiosa necesidad de trabajar en pos de su revitalización y, de este modo,
retornar a la contienda política renovado y actualizado. Solamente en dicha
inteligencia, puede darse un genuino resurgimiento que atienda a las
necesidades y circunstancias del presente.
No pretendemos negar su historia o
sus doctrinas. Por el contrario, en la vocación militante del presente
reafirmaremos todo aquello que en, largos años de sacrificio, se nos ha legado
como verdadero tesoro. Resulta claro que ninguna idea puede sobrevivir
enajenada de su praxis. Y, justamente, a esto llamamos: a cuidar lo heredado
poniendo en práctica los principios acuñados.
Bien conocemos las dificultades de
nuestro tiempo. Sin embargo, el mapa geopolítico mundial ha comenzado a
cambiar. El fracaso universal del régimen democrático y el capitalismo liberal
ha producido un escepticismo que no obstante. raudamente va encendiendo una
nueva esperanza patriótica. Argentina no está ajena a esta realidad. El hastío
de nuestros compatriotas comienza a transitar el mismo derrotero y, de allí, la
imperiosa necesidad de ponerse en marcha.
1) Dos objetivos inmediatos: unificar
y difundir
Un sinnúmero de disensiones y divergencias
ha hecho del nacionalismo un espacio político capaz de reproducir, una y otra
vez infinidad de quiebres en sus propias filas.
Es necesario terminar con discusiones
inertes que solo facilitan el avance del enemigo. Nos proponemos ir al rescate
del patriota bien intencionado y con verdadera vocación de servicio.
Es por ello que esta confederación aglutina a nacionalistas que, aun guardando
distintos matices, no pierden de foco la relevante necesidad de salvaguardar la
Patria. No basta con enunciar la “unidad”, postergada por largo tiempo. Por el
contrario, dicha unificación debe llevarse adelante mediante el esfuerzo y la
renuncia a posiciones personales.
Pretendemos, también, llevar adelante
la difusión masiva del Nacionalismo. Los últimos años se han caracterizado por
la intención de ceñir nuestras ideas a un puñado de selectos. Lejos de esto, la
política verdadera se ha de practicar con personas y hombres de a pie.
Hemos alejado el nacionalismo del
operario, del alumno y de la calle para reducirnos a un encuentro o charla de
formación. Claramente, este nuevo proyecto es plural y nos acerca a una
realidad militante alentada por el sacrificio cotidiano, no solo concretamente
practicado sino predicado a la mayor cantidad posible de compatriotas: El
Nacionalismo es para todos los argentinos de buena voluntad.
2) El Enemigo
Se trata de un Sistema o
Régimen de Dominación. El mismo es un compendio general de todos los vicios
políticos que el Nacionalismo viene denunciando desde hace más de 80 años resumidos en:
Liberalismo político: Inveterado
enemigo del movimiento nacional que se traduce en democracia de
masas. Soberanía popular y leyes que validan absolutamente a una partidocracia
corrupta, oligárquica y funcional a la oligarquía económica. La denominada
democracia, no ya como un medio para elegir gobernantes, sino como forma
de vida donde alcanza el dogma y el rigor de una religión, donde no
existe la verdad ni el error y todas son opiniones en absoluta igualdad. Es la
dictadura de mayorías circunstanciales y de los medios de comunicación cuya
mera impugnación intelectual puede traer incluso consecuencias penales. Dogma
inamovible desde que se instaurara en 1983 hija de la derrota de Malvinas y
con el Mito de los 30.000 desaparecidos como argumento y soporte.
Capitalismo de raíz financiera: con su
fundamentalismo de mercado, con sus bancos y multinacionales funcionando en
cadena y expropiando a la Nación y al pueblo del producto de su trabajo, entre
otras cosas y especialmente mediante el cobro de una Deuda Externa impagable e
ilegítima, una bomba de succión de nuestras riquezas. La miseria económica que
ha desatado no tiene parangón en un país rico como el nuestro Se
lo ha llamado acertadamente a su beneficiario Imperialismo Internacional del
Dinero y sus figuras relevantes la oligarquía económico- financiera
global
Progresismo: que puede ser
subsumido en marxismo cultural o liberalismo jacobino, el mismo se manifiesta
en la estigmatización de la auténtica dimensión espiritual del hombre,
destruyendo todos los valores religiosos familiares y patrióticos, el orden
natural y el sentido común. Disolución de la autoridad (en lo
familiar y en lo social) y dilución del poder del Estado conocido como Estado
ausente e ideología de los derechos humanos (garantismo penal,
delincuencia impune, exaltación del terrorismo, destrucción del aparato de defensa
etc.), temática de género explicadas mediante el constructivismo social (
homofilia, feminismo radical, matrimonio homosexual con adopción de hijos)
aborto y control natal, liberación y generalización del consumo de drogas y en
general la permanente validación de conductas antisociales y anti patrióticas
como frutos de una libertad entendida en clave anárquica de caos. Desde los
lobbies culturales y medios de comunicación, encarna la anarquía, la
destrucción moral de la sociedad y la dilución de las jerarquías.
Estos tres componentes están propagados y financiados por la acción cada vez más abierta de los centros de poder internacional, apoyados por la maquinaria militar de los países centrales y especialmente de los EEUU, Reino Unido, Israel y las demás potencias atlantistas, para disciplinar a los pueblos que se resisten a aplicar el tríptico antes mencionado. Prestos a cualquier matanza y avasallamiento en nombre de la Democracia, los Derechos Humanos y el Libre Mercado.
Desde ya rechazamos los criterios
referentes a este tema que se basan en cuestiones o categorías propias de la
Guerra Fría, muy difundidas en nuestro medio, pero que solo confunden sobre la
real filiación del enemigo, cuando no son fomentadas por éste y sus agentes
locales para confundir.
Comprendemos que este es un fenómeno
que no puede ser combatido fraccionalmente ni el mismo Sistema permite aceptar
el tríptico mencionado con beneficio de inventario. El combate debe ser
integral de lo contrario se va al fracaso
3) Organización
Conscientes del poder enemigo se
torna necesario dar combate con los escasos medios que poseemos. Organizarse y
militar incansable y coherentemente, tratando de dotar a nuestra entidad de una
plantilla de cuadros preparados para la resistencia política. Sabiendo que sólo
convencidos y dispuestos al sacrificio de una lucha desigual estaremos dando
una alternativa a muchos hombres que esperan. La organización será una
organización de cuadros o sea de militantes con conocimientos y saberes en
política.
4) El Poder
Nuestro norte es formar otro Estado
que actúe a favor de la Nación. El Estado no es un testigo de la vida de la
nación, ni un guardián de su cauce; es el conductor de la vida nacional al
servicio de su misión de destino en lo universal. Por ello resulta necesario
construir poder propio e identificarlo con la Nación. Hacer política
es pensar en el triunfo del Bien Común. Claramente, descartamos por irreal la
“esperanza” de una “reacción nacionalista militar” menos podemos depositarla en
el Peronismo hogaño entregado totalmente al Sistema, ambas opciones están
destinadas al fracaso. Depositar expectativas sobre falsas opciones llevan al
desánimo y derrota de los militantes que buscan un nuevo camino, lejos de la
triste historia cíclica argentina. Por ello es necesario marcar una estrategia
para la toma del poder político y para ello antes debemos tener poder propio y
un lugar político que nos identifique: Un movimiento nacionalista con
estructura y un despliegue territorial de orden Nacional.
5) Federalismo
Este emprendimiento tiene un
acendrado espíritu federal, siempre enunciado pero poco practicado por el
Nacionalismo. Nuestras provincias continúan guardando, pese a la destrucción
cultural sufrida, los valores tradicionales de la Patria. Por ello apelamos a
la descentralización que implica formar un colectivo de grupos, sean estas
agrupaciones, movimientos, partidos políticos o simples grupos de personas, por
pequeños que sean, que piensan como nosotros en la necesidad de luchar para
recuperar la Patria. Nuestra meta es que haya nacionalistas trabajando
para el colectivo en todas las provincias
En virtud de lo dicho, las
circunstancias de tiempo y lugar serán las que dicten los medios más aconsejables
para acceder al poder. Actualmente, y en esta etapa
embrionaria, no existen salidas a corto plazo que no sean un suicidio político. Es
necesario que los militantes tomen conciencia de ello para no caer en el
desanimo ni escuchar cantos de sirenas No
dogmatizamos cuestiones que no son dogma de ningún tipo y por ello
no descartamos ningún medio licito para la toma del poder Teniendo siempre en
cuenta, para forjar y afianzar nuestro instrumento político, aquello de que la
relación más pura y transparente de representatividad está dada en el
Municipio, se continuará trabajando con especial énfasis en tener base
municipal donde trabajen y militen nacionalistas por el Bien Común. La
construcción de nuestro colectivo será Municipio, Provincia y Nación
6) Nuevo Estado y Nueva República
Contra el tríptico operante
en nuestra Nación con el cual el enemigo destruye a la misma, nosotros
planteamos restaurarla y liberarla para refundar el nuevo Estado que será
instrumento para el logro de una:
República Patriótica recuperando
nuestra soberanía conculcada, nuestra economía entregada, nuestra cultura
pervertida, nuestra historia falsificada y nuestras costumbres mancilladas.
Creemos que más allá de las instituciones liberales con la que se ha subvertido
la política, la Nación aun existe a pesar que dividida. Justamente queremos
encarnar un ideal de unidad que estuvo presente en el sentir de los grandes
hombres de nuestro pasado como San Martín, Belgrano, Artigas, Ramírez, Rosas,
defensores incansables de la integridad de nuestra argentina Somos
tributarios de la corriente patriótica que une la Reconquista y Defensa de
Buenos Aires, La Vuelta de Obligado y la epopeya de Malvinas. Batallas de
una guerra inconclusa aun. Contra el progresismo, el izquierdismo cultural
disgregante oponemos el amor a Dios el sentido común y el orden Natural y la
fuerza del patriotismo. Contra el odio ideológico y la destrucción de la
cultura el amor a la Patria y a nuestro pueblo, a nuestras tradiciones, a
nuestra historia a nuestro modo de vida, a nuestra libertad que nada tiene que
ver con el liberalismo pues nuestras libertades tradicionales han sido siempre
conjugadas en un sistema de autoridad, jerarquía y orden.
República Social: Planteamos
una opción revolucionaria contra el sistema económico vigente; y especialmente
lo hacemos al colocar el dinero como medio de cambio y medida de valor de
los bienes y servicios no como una mercadería escasa para beneficio de la usura
parásita. Planteamos también las aplicaciones del principio de subsidiariedad,
y la ley de reciprocidad de los cambios olvidadas cuando no repudiadas por el
capitalismo en aras de la ganancia sin límite moral alguno. Queremos la mayor
difusión posible de la propiedad privada única forma de remediar los problemas
sociales y el consecuente odio clasista y una reforma de la misma que permita a
los trabajadores participar de la riqueza producida más allá del salario. Ello
hace a la justicia social y a lograr finalmente la eliminación de la pobreza.
Republica Orgánica: La condición política del individuo se justifica solamente cuando cumple una función dentro de la vida nacional por ello estamos en contra de la inorganicidad que encarna el demoliberalismo y de la que se beneficia la partidocracia con los resultados que hoy tenemos a la vista. La representación popular se establecerá sobre la base de los municipios de las corporaciones de profesionales, los sindicatos, y demás instituciones intermedias que hacen a la representación real de los ciudadanos. Contra el principio un hombre un voto sostenemos la organicidad social o Comunidad Organizada que se sostiene en el individuo no como ser aislado sino que integrado en los órganos de la sociedad. Este tipo de república admite una pluralidad de cuerpos sociales intermedios entre el Estado y el individuo, tanto territoriales (municipio, comarca, región, nación, etc.) como institucionales (Iglesia, administración, ejército, etc.) profesionales (colegios médicos, de abogados de profesionales de diferentes ramas) Gremiales (de obreros de las diferentes ramos de la producción) de empresarios y comerciantes de distintos rubros. La diferencia con el demo liberalismo es obvia.
Republica Orgánica: La condición política del individuo se justifica solamente cuando cumple una función dentro de la vida nacional por ello estamos en contra de la inorganicidad que encarna el demoliberalismo y de la que se beneficia la partidocracia con los resultados que hoy tenemos a la vista. La representación popular se establecerá sobre la base de los municipios de las corporaciones de profesionales, los sindicatos, y demás instituciones intermedias que hacen a la representación real de los ciudadanos. Contra el principio un hombre un voto sostenemos la organicidad social o Comunidad Organizada que se sostiene en el individuo no como ser aislado sino que integrado en los órganos de la sociedad. Este tipo de república admite una pluralidad de cuerpos sociales intermedios entre el Estado y el individuo, tanto territoriales (municipio, comarca, región, nación, etc.) como institucionales (Iglesia, administración, ejército, etc.) profesionales (colegios médicos, de abogados de profesionales de diferentes ramas) Gremiales (de obreros de las diferentes ramos de la producción) de empresarios y comerciantes de distintos rubros. La diferencia con el demo liberalismo es obvia.
7) Colofón y curso de acción inmediato. En definitiva, podemos decir como síntesis fundamental del Congreso y como base de nuestros lineamientos para la acción política inmediata que debemos
1) Afianzar la organización
de la estructura de nuestro movimiento y proveer a su despliegue territorial.
ORGANIZAR
2) Reclutar militantes
y formarlos conforme a la doctrina, o sea, prepararlos como cuadros políticos;
bien sea para la etapa agonal como arquitectónica de nuestra acción, lo que
implica estudiar profunda y sistemáticamente los diferentes cuestiones
históricas, políticas, económicas y culturales y geo- estratégicas que hacen a
nuestra problemática nacional. Debemos reclutar la cantidad suficiente de
militantes y de allí seleccionar los mejores. RECLUTAR Y FORMAR
3) Difundir hacia la periferia
nuestra doctrina, tendiente a acrecentar la cantidad de militantes hasta formar
una masa crítica. En otras palabras, resulta perentorio reunir la cantidad
necesaria de gente para que el fenómeno de la difusión y crecimiento se dé
naturalmente. Afianzar la confederación mediante los pasos anteriores, logrando
una estructura de orden nacional con un despliegue territorial en todas las
provincias argentinas, será la única forma en que podremos presentar batalla al
enemigo de forma contundente y eficaz. PREDICAR Y DIFUNDIR
Dios y nuestra Patrona la Virgen de
Lujan nos den fuerza para esta difícil etapa que emprendemos.
CONFEDERACIÓN DE
AGRUPACIONES NACIONALISTAS
viernes, 28 de octubre de 2016
Imágenes del Congreso Nacionalista de Santa Fe
Compartimos aquí algunas imágenes del Congreso realizado por la Confederación de Agrupaciones Nacionalistas (C.A.N.) durante los días 8 y 9 de Octubre del corriente año, en la ciudad de Santa Fe.
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| Apertura a cargo de Hernan Capizzano |
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| Entonación del Himno Nacional Argentino |
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| Panel integrado por Octavio Guzzi y Guillermo Rojas |
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| Exposiciones de Carlos Diaz y Santiago Alonso |
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